LA AMPA EN ACCIÓN

 

 

 

 

 

 

 

2015-2016

Empezamos con las actividades para este año... Con la primera, rescataremos una tradición perdida, que es ir a La Silera a comernos "La chaquetía"...
Tendremos a Aexaal, Asociación de Alérgicos alimentarios de Extremadura con los que charlaremos para conciecarnos sobre los problemas que se encuentras algunas personas a la hora de alimentarse con ciertos productos.
Habrá bollas para todos los niños y haremos tanto ellos como los padres juegos tradicionales.
Quedaremos a las 16:00 horas en los aparcamientos que hay detrás del colegio San José y nos desplazaramos desde ahí al Parque Público, donde pasaremos un buen rato...
¿Nos acompañas?

MADRES DE ALUMNOS/AS DE 6º HACEN SUS  BOLLAS PARA LA OCASIÓN

 

 

 

 

ORIGEN

                                               

La palabra Tosantos hace referencia a la festividad de Todos los Santos, que se celebra el día 1 denoviembre, víspera del Día de Difuntos, que se celebra o celebraba en pueblos de Extremadura y algunos de Andalucía, con ciertas variantes en cada uno de ellos, siendo la "comida" campestre lo común. Este primer significado fue cediendo terreno, llegando el momento en que  pasa a significar de forma primordial los obsequios, principalmente frutas del tiempo, que los niños recogían por las casas del pueblo la víspera del Día de Difuntos. La chaquetía eran las ofrendas que los niños recogían por las casas, frutas del tiempo, fundamentalmente: higos, nueces, granadas, membrillos, uvas, castañas..., y en algunos casos pequeñas cantidades de dinero, claro está, pues no estaban los tiempos para tirar la casa por la ventana.  La palabra tosantos pasa a identificarse, pues, con la palabra chaquetía.

    Se ha escrito que la palabra chaquetía es una deformación de la frase “echa aquí, tía” o resultado de  “si no echas la chaquetía, no eres mi tía”, que se decía en algún pueblo, cuando iban los chicos pidiendo por las puertas de las casas.

    En cuanto a los orígenes de esta fiesta,   hay que buscarlos en motivaciones de tipo religiosos. El día de Todos los Santos, los monaguillos, revestidos de sotana y roquete, con un portapaz (Placa de metal, madera, marfil, etc., con alguna imagen o signos en relieve que, en las misas solemnes, se besaba en la ceremonia de la paz.) el acetre ( Caldero de agua bendita que se usa para las aspersiones litúrgicas ) y el hisopo ( Utensilio con que se esparce el agua bendita ) recorrían todas las casas del pueblo. Daban a besar el portapaz, rociaban la casa con agua bendita y pedían la chaquetía, pequeña gratificación por doblar las campanas en sufragio de los difuntos de la familia durante la noche de Todos los Santos, víspera de Difuntos. Y hay que reconocer que la gente era muy generosa, pues el recuerdo y la veneración de los difuntos ha sido algo muy serio en nuestros pueblos, y nadie negaba un donativo pedido en su nombre. Al toque de ánimas, es decir, a la caída de la tarde, comenzaban los dobles de las campanas de la torre, donde los muchachos, entre doble y doble, iban dando cuenta de higos, nueces, granadas y otros añadidos.

Era un día triste, errados los bares, amortiguados los ruidos, ausente cualquier tipo de fiesta o diversión, el tañido fúnebre y lastimero de las campanas era evocación y recuerdo de los parientes que habían fallecido, algunos quizá en fechas muy recientes.  Hay que tener muy presente que las campanas, con sus toques de gloria o con sus toques de doble o a rebato, siempre marcaron la vida de los pueblos.

Y llegó un momento en que ya no sólo eran los monaguillos, sino que todos los niños del pueblo se echaban a la calle a pedir, puerta por puerta, el aguinaldo tosantero, con el recitado monótono de “la chaquetía, que se va el día”. Y así, la fiesta de los tosantos o de la chaquetía se convirtió en una fiesta popular.

 Muchos recordarán esto: Al alba terminaban los dobles y comenzaban las misas por los difuntos. Tres seguidas. Mujeres enlutadas, arrebujadas en sus mantones. El suyo era un luto que había comenzado muchas veces en su juventud y ya no se quitarían nunca. Ni siquiera medio luto o alivio de luto. Nada. Hombres, con  chambras negras o grises y que no volverían a pisar la iglesia hasta el año siguiente. Pero ese día era sagrado, porque el culto a los muertos era algo tan arraigado y tan profundo que eran muy pocos los que se atrevían a olvidarse de ellos y no honrarlos ese día.

    A media mañana los responsos. En el cementerio el cura con capa pluvial negra, un monaguillo con la cruz parroquial o manguilla  y otro con el agua bendita y la hucha. Y delante de cada nicho un familiar esperando, una fila, a lo largo de todo el cementerio. “Cinco rezados y dos cantados”, por ejemplo, indicaba el familiar. Y el cura repetía, de una forma cansina, una vez y otra los mismos responsos. Cientos de responsos, en latín, claro.   Una peseta los rezados y tres pesetas los cantados. Ese era el precio o la limosna por responso.   Por la década de los sesenta, los responsos, que ya eran a tres pesetas los rezados y a cinco los cantados, pasaron a la historia, como pasaron los entierros de tres capas, o los entierros de primera, de segunda y de tercera.

     Los tosantos y la chaquetía no han desaparecido del todo, pero sí ha cambiado bastante por aquello del   paso del campo a la ciudad (emigración interior) terminando  con juegos, fiestas, leyendas y tradiciones, como las fiestas de quintos, el día del marqueo,  cuando se oía cantar toda la noche aquello de “Si te toca, te ...,  que te tienes que dir, que tu madre no tiene para librarte a ti”.

    Y ¡cómo no!, estamos en el mundo del consumo y la competencia es la primera ley del mercado libre.  De ahí que a los Tosantos o Chaquetía  le haya salido un competidor anglosajón muy fuerte llamado HALLOWEEN (“jalogüin”), al que nosotros debemos hacer el caso suficiente como para conocerlo y disfrutarlo, para sentirnos ciudadanos del mundo,  pero no hasta el punto de dejarlo que entierre lo hermoso de nuestras